LOS TARTUFOS DE LA POLITICA Si Moliere viviera, feliz estaría de observar como su personaje del famoso clásico, TARTUFO, recobra vida encarnado en muchos políticos de hoy, candidatos a la Presidencia de la República, a “cangrejistas”, perdón a Congresistas y al Parlamento Andino, aunque, sobre esto último, ningún postulante a ese cargo o casi ninguno, sabe ni jota, como se dice en el argot criollo.
Y estaría más feliz aún, si pusiera en escena una nueva versión de TARTUFO, esta vez titulada LOS TARTUFOS DE LA POLITICA. Y es que, como aquella comedia satírica, que nos habla de la hipocresía, de la falsedad, de un personaje para ganarse el cariño y la simpatía de una familia para formar parte de él y lograr satisfacer sus ambiciones personales, así nuestros políticos que hoy participan en estas elecciones generales, vestidos como TARTUFO por fuera, nos enseñan sus “virtudes” y sus “bondades” y nos esconden sus verdaderas intenciones de satisfacción personal, de defensa de poderosos grupos económicos, de impunidad, de oportunismo, de transfuguismo, etc.
Nuestros TARTUFOS se esmeran por conseguir la simpatía de la familia peruana. Ya no saben ni que hacer para engatusarnos y entrar al seno de nuestro hogar para darles nuestros votos. Para ello no escatiman esfuerzos y se visten y se comportan de las más variopintas formas: de ñustas; de campesinos y campesinas; bailan huaynos; cantan y bailan reaguetón; toman cerveza o chicha de jora del mismo vaso de un humilde poblador; comen la comida del pobre, hechos en carretilla y al paso; juegan carnaval, se dejan pintar, etc. “Vamos a luchar contra la corrupción”, “no vamos a vender más empresas públicas”, “no vamos a privatizar puertos”, “vamos a crear más fuentes de trabajo” se oye decir; tremendos lobbis de empresas privadas, defensores de los ricos, encubridores de corruptos, falsos demócratas que no vacilarán en aplicarnos la “ley del embudo”, lo ancho para pocos y lo angosto para muchos, donde algo cambiarán para que todo siga igual. Hoy son defensores de los derechos humanos, se rasgan las vestiduras por defenderlos, habiendo sido cómplices de violaciones y encubridores de violadores. Como me gustaría estar en la soledad de esos candidatos, y ver su verdadera alma, sus deseos de darle una “patadita” al otro candidato; de tomarse cinco sal de andrews de un solo queche apenas llega a su casa, de persignarse antes de salir a desempeñar su papel de Tartufo; “Dios ven conmigo, ilumina mi mente, hazme cantar y bailar bien, coloca en mi boca mejores mentiras, tu sabes, es por el bien del pueblo” , dirán.
Como en la comedia de Moliere, lo pintoresco también está aquí presente. La farándula convertida en política y la política convertida en farándula. Unos se creen boxeadores y otros los mecenas. Algunos se creen futbolistas o DTs. Todos iguales de Tartufos.
Hay, sin embargo, candidatos que merecen respeto. Que tienen firme y leal convicción de defensa de los pobres. Que tratan de darle seriedad a estas elecciones, pero que no son tomados en cuenta por los medios de comunicación, empeñados en montar esta nueva versión de TARTUFO. |