Re:COMPLOT Cogobierno
Las elecciones más esperadas y más temidas han desembocado en un punto muerto que amenaza con prolongarse todavía durante las próximas dos semanas. Entretanto los que se disputan el segundo y tercer lugar ya empezaron a formar el próximo gobierno. La “candidata de los ricos”, es ahora una persona que siempre tendrá un lugar en la política nacional salga segunda o llegue tercera; y el “candidato que amenaza con regresarnos al pasado”, es uno que exhibe indiscutible condición democrática. Más aún para completar la fiesta se habla ahora de un “Frente Democrático” que integraría Paniagua, los evangelistas de Lay, los fujimoristas blanqueados por su votación de abril y hasta los susanistas que escriben en los periódicos de los Miró Quesada.
La disyuntiva democracia-dictadura fue tema principal de la primera vuelta. Y un diario con tanta tradición de cercanía las dictaduras se dio a la tarea de repartir credenciales de respeto a la voluntad popular, a los principales candidatos, definiendo cual era la única “opción dictatorial”. Pero no estaba todavía claro cuán flexible y ancha puede ser la concepción de democracia de cada sector político. Hoy estamos a punto de cerrar el ciclo, de casi veinte años, del FREDEMO que se alzó contra el estatismo aprista y que con sus actuales representantes (Flores y Rey), puede concluir ayudando a devolverle el poder a García. Y quién sabe si también esté acabando otro mito: el de la democracia contra Fujimori, que tuvo vigencia el último lustro, y que para algunos se resuelve con el simple expediente de incorporar a Martha, Keiko y los demás en el frente contra Humala. Algo que es evidente es la alianza adelantada entre Alan García y Kuori, el delfín fallido del ex presidente reeleccionista.
El concepto de democracia que se agita estos días se va reinterpretando de acuerdo a las circunstancias. En una acepción, significa que no se va a variar la regla (rechazo a la Asamblea Constituyente y a la posibilidad de variar la composición del legislativo mediante el voto, en el transcurso del período postelectoral); en otra mirada se le equipara a partidos políticos existentes (lo previsible versus lo improvisado y riesgoso); en un tercer sentido equivale a asociación de intereses con los grandes medios de comunicación; y, finalmente, se resume en la unidad de todos los que no son Humala. Hay que releer los editoriales que se publican desde el 10 de abril para captar lo que se está queriendo que entendamos en cada momento. Pero el error sigue siendo el mismo que en la primera vuelta. Imaginan que los demás no nos damos cuenta y que vamos a funcionar con las fórmulas de lenguaje que se les ocurran.
Si de algo fue acusada la democracia antes de Fujimori fue de componenda inepta y de mantener fuera de sus límites a la mayoría de los peruanos. Y ese es el mismo cargo que recayó sistemáticamente sobre el régimen de Toledo. La idea clave es “todos son lo mismo”. Que se protegen y se perdonan. Y es en eso lo que se va a confirmar en segunda vuelta. El sancochado de Humala es casi un plato de fina cocina, al lado de lo que podría ser el frente de la democracia contra Humala que se está viniendo. Y aquí está la clave de lo que va a pasar en los últimos días.
¿Cómo puede sumar el candidato nacionalista casi dos millones de votos a los 3 millones y medio que ya consiguió en primera vuelta? Sólo existe una manera: llevar hasta el final la polarización política que se dibujó en la primera vuelta y que refleja las polaridades sociales, territoriales, culturales que afectan a los peruanos.
Es decir demostrarle a esos peruanos que creyeron que estaban votando contra Alan García cuando lo hacían por otro candidato, que la opción para no regresar al sistema de la mentira institucional, de la demagogia populista y de la subordinación a los apóstoles de la economía y los generales más represivos; y los que creyeron hacerlo contra la derecha blanca y excluyente, los dueños del país y los promotores de su extranjerización; que tienen una opción que esta fuera del compromiso APRA-UN y todos los demás. Lo mismo que debe ser demostrado a más de un millón de personas que votaron blanco y viciado porque aún dudan que de verdad haya una propuesta diferente.
¿Dará la talla de Humala para mantener los puntos de cambio levantado en primera vuelta y encarnar hasta el final una candidatura alternativa al cogobierno de los partidos neoliberales e inmovilistas? Esa es la gran cuestión a dilucidar.
16.04.06
Raúl Wiener
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