Alan-Fuji-Montesinos Señor Alan García:
Le escribo para hacerle saber que no sólo no votaré por usted, sino que haré todo lo que esté a mi alcance para impedir que otros peruanos voten por usted. En este momento, todo indica que sus posibilidades son bastante limitadas, pero prefiero no correr riesgos en el siempre imprevisible escenario político y que usted aparezca como un candidato viable. En las líneas que siguen trataré de explicarle mis razones. La primera es que yo ya voté por usted en 1985 y mi arrepentimiento y sentimiento de culpa todavía me persiguen. Debo aclararle que nunca tuve (ni tengo ni tendré) simpatía alguna por el Partido Aprista que usted representa: nunca me gustaron la autoritaria estructura interna de la organización, que eternizó como único e indiscutido caudillo a su fundador, Víctor Raúl Haya de la Torre; tampoco el estilo fascistoide de sus manifestaciones populares, su retórica y su ideología gaseosas; y sobre todo el tortuoso historial partidario, lleno de componendas y pactos con el diablo hechos en nombre de la sobrevivencia táctica del partido.
Usted, sin embargo, parecía significar entonces una renovación dentro del Apra, con otro lenguaje y otras perspectivas. La misma posibilidad de que, después de más de medio siglo de luchas, persecuciones y frustraciones, su Partido estuviese a las puertas de un triunfo gracias a un joven líder y no del viejo jerarca, me pareció una oportunidad histórica para sellar largos agravios y heridas y comenzar de nuevo, sin rencores ni atavismos. Sopesé todos los pros y contras, y decidí que, si bien usted no era \"mi candidato\", representaba el mal menor y voté por esa mínima esperanza.
Ahora ERES EL MAL MAYOR 2006.
Mi desencanto -y el de muchísimos peruanos- comenzó muy pronto. Aunque sus floridos discursos (orador excelente según Martha Hildebrandt), sus gestos telegénicos ante las cámaras y sus habilidades como guitarrista le otorgaron un índice de popularidad muy alto, usted mismo se encargó de defraudar a los que habíamos, ingenuamente, depositado en sus manos nuestra confianza. No sólo su gobierno demostró total ineficacia en un momento de aguda crisis, sino que, con una odiosa insensibilidad, usted decidió aprovechar el caos y desgobierno para hundir al país en el más negro abismo financiero de nuestra historia. ¿Recuerda usted que durante su régimen la inflación llegó a casi el 10,000% (acumulada a 2\'178,482 ), cifra que es casi imposible de concebir? ¿Recuerda que en un discurso oficial llegó a legalizar el mercado negro del dólar callejero llamándolo \"mercado paralelo\" y a declarar que era el que verdaderamente regía? Usted tal vez no, porque tomó todas las precauciones necesarias para no ser sorprendido sin dólares, pero yo sí, igual que todos los que tuvieron que sufrir sus consecuencias. Muchos de los famosos doce apóstoles con quienes negoció hoy están acusados por haber negociado también con la mafia Fujimontesinista, entre ellos Dionisio Romero y Delgado Parker. En su ineficiente gobierno usted era el Ministro de Economía, el del Interior, en resumen usted hacía creer a muchos compatriotas que sabía de todo, pero en realidad era el litio su gran ayuda para levantarle el ánimo.
El Perú se desangraba mientras usted cantaba o hacía gala de su oratoria para contamos un nuevo cuento de vez en cuando en sus acostumbrados balconazos. Miles de peruanos fueron asesinados en su gobierno por obra del terrorismo, que se nutría del narcotráfico y de la miseria del país. Coches bomba, torres de alta tensión demolidas, cadáveres dinamitados, puentes destruidos, puestos policiales y militares incendiados, poblaciones atacadas y tomadas por los terroristas, etc. Mientras su ineficiente gobierno abandonaba a las universidades, institutos y colegios muchos de los cuales fueron convertidos en escuelas de terrorismo. \"No hay luz, no hay agua\", fue una frase célebre en su gobierno.
Lo peor de todo esto es que, con su irresponsabilidad y cruda ambición de lucro, usted condenó a millones de peruanos al hambre y a la miseria. Muchos, como último recurso, tuvieron que alimentarse -aunque parezca increíble- con los productos destinados para la crianza de animales o con lo que en otras épocas se desechaba en la cocina. La revista Caretas y otras publicaciones en la época tuvieron que recomendar, como prácticas medidas de sobrevivencia, las virtudes alimenticias de las hojas de la zanahoria y de la remolacha. Esa generación de fantasmas subalimentados son sus auténticos herederos, Señor García. Lo que usted hizo equivale a una forma lenta e indirecta de genocidio; ésa es la mayor acusación que le hago.
No contento con eso, usted les pide ahora sus votos. ¿Acaso no ha invocado en su campaña las necesidades del pueblo peruano y no ha declarado también su deseo de luchar por los pobres? ¿De dónde saca usted tanto descaro? Una de sus astucias es la de presentarse como un mártir de la democracia perseguido por Fujimori y forzado al exilio (¿Puede usted dar una explicación creíble de como logró evadir al cerco militar cuando supuestamente iban a capturarlo luego del autogolpe del 5 de abril del 1992? Usted le tiene una deuda al asesor criminal). Es cierto que desde 1992 y hasta luego que el dictador cayó, vivió usted en confortable exilio, alternando su residencia entre Bogotá y París, donde tiene un departamento de su propiedad ¿Con qué dinero? Es cierto también que la corrupción que usted desató, permitió y aprovechó, ha sido largamente superada por la del gobierno fujimorista, que ha hecho empalidecer la suya como dicen algunos, aunque realmente nadie todavía ha investigado todavía los envíos de droga al dictador panameño Noriega.
Pero no se aflija ni se sienta disminuido: en su época usted hizo al respecto todo lo que pudo y si no pudo más es porque no hubo más que usufructuar. Me aterra la idea de que usted, con espíritu deportivo, esté buscando alcanzar un nuevo récord.
Legalmente, tiene pleno derecho de participar en las elecciones. Pero antes de presentarse a comicios, usted debió haberse presentado ante la corte que lo investiga por corrupción y enriquecimiento ilícito y explicar allí cómo y por qué durante su gobierno las finanzas del país anduvieron tan mal y las suyas tan bien. Usted dirá que lo acuso sin pruebas. Parte de la sutil habilidad con la que usted actuó -según expertos financieros internacionales que examinaron su caso al término de su mandato- está en el esmero y la destreza que tuvo para borrar huellas y hacer muy difícil detectar sus movimientos secretos con el dinero público, usted también tuvo sus testaferros que hoy están incluso en el gobierno, algunos destacados en el extranjero. De eso se trata, precisamente: de justificar lo que pasó con un dinero hoy gastado, evaporado o discretamente invertido. Por eso, ha sido tan difícil hallarlo culpable en otros casos abiertos contra usted. Recuerde sin embargo que una cosa es ser absuelto por falta de pruebas y otra, muy distinta, ser inocente.
Usted o sus abogados han sido capaces de demostrar que la miseria del país y su riqueza personal en esos años tienen el mismo origen divino e inevitable, al que tenemos que resignamos. Pero yo no me resigno y le reitero que no cuente con mi absolución, ni con mi voto ni con mi silencio. |